
Mi problema. Mi tema de discusión. Mi competencia. Mi mejor enemigo. El Fútbol. Siempre me he preguntado por qué los hombres TIENEN que ver las noticias deportivas de TODOS los canales. Los mismos goles. Los mismos resultados. Las mismas patadas. Tres o cuatro veces en menos de una hora. Y es que para los hombres el fútbol es algo inexplicable. Una pasión de multitudes. Un sentimiento que no van a cambiar por nada. Ojo, POR NADA. Esta sensación varía de un especimen a otro, pero en general es así.
Hincha de un equipo en cada país. Miles de nombres y biografías completas de jugadores de todo el mundo. El recuerdo de cada jugada tal cual como fue. Aunque pasen años, pueden seguir recordando aquel gol de 1962.
R. es de la Unión Española desde antes de abrir los ojos por primera vez. Su apoyo es incondicional. (Y mi apoyo a R. también). Miles de partidos. Llueve, truene o haya 34 grados. Ahí estamos. Muchos ole con eee. Abrazos y saltos. Mucho maní confitado en el estadio.
(Se han dado cuenta de que depende dónde estés, lo que comes? Estadio, maní confitado o tostado. Playa, palmera o barquillo. Cine, cabritas. Feria artesanal de playa, algodón de azúcar, etc…curioso, ahh?)
Una final inolvidable del campeonato en Coquimbo. Un clasico argentino en Buenos Aires. Y ahora vengo llegando del Estadio Municipal de la Florida. Ahí se jugó el clásico de colonias: Unión vs. Audax Italiano. Pero no se asombren tanto, mi amor al fútbol queda ahí no más. Unión, River Plate y Real Madrid, son los únicos partidos que acepto, y gusto, ver.
Hoy jugué un partido de futbolito mixto. Soy pésima. Aunque igual metí un gol. El primero. Y después me perdí miles. En fin…El fútbol no fue amor a primera vista. Un amor gradual, que últimamente se ha convertido en mi mejor enemigo...