Último fin de semana en mi casa, con mi gente y en mi Santiago de Chile.
Momento de despedirse.
Pena? Sí, un poco. En verdad, mucho más que un poco.
Miedo? También y mucho. De lo que viene, de lo desconocido, supongo.
También estoy muy nerviosa. Hago un esfuerzo por no pensarlo, pero mi organismo es el que está poniendose nervioso: Jaquecas insoportables.
Pero igual estoy bien, a pesar de estos sentimientos que lo contradicen, lo estoy.
Estoy feliz. Quiero hacer de Madrid mi ciudad. Quiero conocerla como conozco Santiago, mi Santiago. Y quiero aprovechar al máximo esta oportunidad. Tal vez no va a ser tan fácil. Voy a echar mucho de menos a mi familia y mi pololo. A mis amigos. Etc..
Pero también quiero que me echen de menos a mí. Con todas mis cosas, con mis alegrías y mis cosas ridículas. Con mis penas y mis enojos sin sentido. Con mis chulerías, mis bailoteos y jugoseos. Con todo.
Dentro de mi maleta roja (sí, mi maleta es roja, igual que la tuya, y no me había dado cuenta hasta ayer), llevo todo lo que necesito para estar bien. Para protegerme del calor, luego del frío; del aburrimiento y del cansancio; de la soledad y de la nostalgia de acá.
Ya tenemos casi listo nuestro puente de palabras indestructible. Así nos mantendremos juntos todo el tiempo.
Yo creo que nunca voy a poder decir que estoy lista. Pero parto igual. En seis días más estará comenzando la mayor aventura de mi vida...
Me voy contenta, esperanzada y queriendo (y amando) mucho, más que nunca, tal vez...
Madrid allá voy!!!
Nos vemos en febrero