Picando Cebolla

Mucha gente me ha dicho que soy buena pa picar cebolla. Cebollenta al máximo para los gustos musicales y televisivos, cebollenta para pelear y para sufrir, en fin, cebollenta para todo.
Y aunque, confieso, me gusta picar cebolla en el sentido metafórico nunca lo había hecho en el sentido literal. Sí, me avergüenzo un poco, en estos casi 22 años nunca piqué una cebolla. Hasta ahora, claro, que soy la cebollenta oficial de la casa. Cebollenta metafórica y literal, a mucha honra.
Pero cortar una cebolla no es sólo cortar una cebolla. Puede resultar ser un trabajo terapéutico por las lágrimas que produce. Llorar siempre es bueno cuando se tiene ganas. Y llorar por una cebolla produce un alivio doble. Un llanto que duele hasta el alma, pero sin motivo.
Y así, picando cebolla, se pasan los días en Madrid. Hoy llovió todo el día. No me gusta tanto Madrid lluvioso como me gusta mi Santiago lluvioso. Tal vez porque no tengo una ventana por donde ver a la gente escapando de la lluvia. Tal vez porque hoy amanecí enferma.
Se acerca mi cumpleaños. La próxima semana llega mi mamá y eso me tiene muy feliz.














